NTIC: Informática y Comunicación
La tecnología y la escuela
El análisis que abordaremos no guarda relación
directa y unívoca con una partida presupuestaria que permita la incorporación
de computadoras en las aulas. Una escuela donde se desarrolle el pensamiento
crítico y creativo implica reconocer, desde la perspectiva del conocimiento,
que las prácticas rutinarias, descontextualizadas de los problemas auténticos,
difícilmente permitirán el desarrollo de la capacidad de reflexión.
Los problemas auténticos no suelen tener
respuestas unívocas o fácilmente predecibles e implican, en la mayoría de los
casos, verdaderos desafíos cognitivos. Las modernas tecnologías pueden resolver
muchas de nuestras preocupaciones respecto del conocimiento en tanto
representan poderosas herramientas de resolución de las comprensiones y pueden
tender mejores puentes entre el conocimiento disponible y las actuaciones
necesarias para su utilización. Las nuevas tecnologías impactan la cultura de
todas las sociedades, desde los sectores más ricos hasta los más carenciados y
marginales. En cualquiera de las situaciones, el uso de la tecnología puede
implicar la implementación de excelentes propuestas para la resolución del
acceso al conocimiento o la utilización de otras empobrecedoras. En todos los
casos, nuestros desafíos son que los alumnos aprendan en el vertiginoso mundo
contemporáneo, comprometidos en la recuperación de una enseñanza solidaria en
los difíciles contextos de la práctica cotidiana.
En general, se preguntan
acerca de una enseñanza que genere comprensión genuina, esto es, comprensión en
el campo del conocimiento para lograr trascender dicho campo.
La tecnología y la enseñanza
La tecnología y la enseñanza
(Dejar a un lado la marca publicitaria)
A través de las décadas,
se atribuyó a la tecnología diferentes funciones aun cuando una de las
prevalecientes tuvo relación con la motivación por aprender. Otra de las
creencias, en cambio, se vinculó con la resolución de los problemas de
comprensión. Ambas concepciones atribuyeron a la tecnología un papel positivo,
casi mítico, coincidente con un aura de modernidad. En una posición opuesta se
reconocen los efectos nocivos de la utilización de algunas tecnologías en tanto
su uso puede anular algunas de las capacidades que le interesa sostener a la
escuela.
La reiterada pregunta de 109 alumnos cuando
plantean "¿para qué estudiamos esto?" encierra una crítica oculta a las prácticas
de enseñanza que carecen de significación y, por tanto, de atractivo para los
alumnos.
La utilización de un medio tecnológico
cortaría, entonces, por lo novedoso, la rutina de la clase y daría cuenta de un
docente preocupado por generar propuestas atractivas. Utilización de algún
mensaje de los medios de comunicación masiva, resulte interesante para los
alumnos. Sin embargo, los estudios de campo dan cuenta de que la reiteración de
las propuestas genera la pérdida del interés que se basó solamente en la
novedad, y se reitera la pregunta: ¿para qué estudiamos esto? Otra de las
creencias respecto de la utilización de la tecnología educativa se asoció a la
resolución de los problemas de comprensión. Esto genera una suerte de
intermediación en la que el papel fundamental en relación con la enseñanza lo
satisfacen los materiales creados para tal fin y los docentes lo ponen a
disposición de los alumnos.
Volver a pensar propuestas para el aula
Si pensamos en la innovación para el aula y
nos proponemos recuperar los modos de pensar inteligentes, creativos y
profundos, podremos reconocer distintos modos de enseñanza en donde las
innovaciones tengan sentido.
Una primera aproximación implicaría demostrar
al estudiante cómo se resuelve un problema, esto es, cómo lo resuelve un
experto y cómo justifica esa resolución. En segundo lugar, cuando los
estudiantes están desarrollando la tarea, los docentes podríamos focalizar el
trabajo mostrando los problemas que surgen en las resoluciones de la tarea, que
podrían pasar inadvertidos. En todos los casos los docentes deberán proveer de
apoyos o tecnologías para ayudar a los alumnos a que logren buenas
resoluciones.
En todos los casos estamos hablando de problemas
auténticos, que impliquen verdaderos desafíos para los estudiantes y, por qué
no, también para los docentes.
Reconocemos niveles de conocimiento que
superan el nivel descriptivo de los conceptos o temas: niveles de resolución de
problemas, niveles de evidencia y finalmente niveles de indagación. En el
primer caso, en la resolución de problemas, las propuestas de enseñanza se
orientarán a que los estudiantes adquieran las estrategias que les permitan
abordar los problemas de un campo disciplinario o tema; en el segundo, el nivel
de evidencia, implica enseñar a reconocer por tema o problema que está
justificado o explicado, y en el nivel de indagación nos remitimos a reconocer
qué significa el estudio y la producción en un campo de conocimiento, cuáles
son buenas preguntas en ese campo o cómo se buscan.
Relacionar, comparar,
establecer nexos, partir de lo dado para recuperar lo sabido, sea de un
conocimiento natural o experiencial y establecer puentes con el nuevo
conocimiento, se constituyen en el punto de partida de cualquier propuesta
didáctica. Evidentemente, el desafío de crear una propuesta de enseñanza
innovadora nos remite a revisar algunas falsas opciones que se construyen
respecto a metodologías novedosas pero que entrañan múltiples dificultades a la
hora de plasmarlas en actividades generadoras de nuevas formas de comprensión.
La Iglesia y su rol en la educación
Hay un documento del Concilio Vaticano II llamado Gravissimus Educationis, donde se explica el derecho que todos los cristianos tienen a una educación cristiana: por el mismo bautismo recibido, que regenera y que constituye una nueva creatura, haciéndola hija de Dios.
Pero, además del derecho del cristiano de recibir la educación, la declaración afirma que la Iglesia tiene el deber de educar. Esto
es, por un lado, porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de
educar; pero, además, y especialmente, porque tiene el deber de anunciar a
todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar la vida de Cristo y
de ayudarlos con atención constante para que puedan lograr la plenitud de esta
vida. Como una buena Madre, tiene la obligación de dar a sus hijos una
educación que llena la vida del espíritu de Cristo...
La Iglesia atiende toda la vida del hombre, incluso la
material, en cuanto que está unida con la vocación celeste: instaurar todas las
cosas en Cristo, anunciando a todos los hombres el misterio de la salvación. Al
mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover íntegramente a la persona,
para el bien propio y el de toda la sociedad.
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