jueves, 10 de julio de 2014

LIBERTAD Y CREATIVIDAD EN EDUCACIÓN

"LIBERTAD Y CREATIVIDAD EN EDUCACIÓN"
CARL ROGERS

QUÉ SIGNIFICA ENSEÑAR

 Enseñar es más difícil que aprender porque lo que el enseñar exige es esto: permitir que se aprenda. El verdadero maestro, en realidad, no permite que se aprenda otra cosa que... aprender. El maestro aventaja a sus alumnos sólo en esto: en que él tiene que aprender mucho más que ellos todavía... pues tiene que aprender a permitirles que aprendan.

QUÉ ES APRENDER

Voy a hablar del aprendizaje, pero no de esas cosas desvaídas, estériles, fútiles y de rápido olvido que se embuten en la cabeza de esos pobres y desvalidos niños atados a sus asientos con las férreas ligaduras del conformismo. Voy a hablar del APRENDIZAJE, de esa insaciable curiosidad que lleva al adolescente a absorber todo cuanto le es dado ver, oír y leer acerca de los motores de gasolina, porque le interesa mejorar el rendimiento y la velocidad de su «crucero».

Dos clases de aprendizaje

Memorizar cosas como, por ejemplo, daz, ten, sep, ins, fir, etcétera, es tarea difícil. Como esas sílabas no significan nada, no son fáciles de aprender y no es raro que se las olvide pronto.

Con frecuencia no nos damos cuenta de que gran parte del material que se les presenta en clase a los alumnos tiene para ellos el mismo carácter abstruso y vacío que esta lista de sílabas sin sentido tiene para nosotros.

En tal aprendizaje sólo interviene la mente, o sea que se verifica «del cuello para arriba», sin participación de las emociones ni de las significaciones personales, de suerte que no reviste importancia para la persona total.

En contraste con éste, existe algo así como un aprendizaje sugerente, significativo, experimental.  Es probable que el niño que ya ha memorizado que «dos más dos son cuatro» un día se dé cuenta, de pronto, jugando con sus cubos o con las canicas, de que «dos más dos son realmente cuatro».

Un ejemplo;  si a un niño de cinco años se lo traslada a otro país y se le deja jugar a su antojo durante horas con sus nuevos amigos y sin que posea conocimiento alguno del idioma de éstos, al cabo de pocos meses aprende esa lengua e inclusive adquiere el acento propio de ella. Es decir que el niño aprende de una manera que para él tiene sentido y significación, aprendizaje éste que avanza a un ritmo veloz en extremo. Sin embargo, si se pretende enseñarle esta nueva lengua fundando la instrucción en los elementos que tienen significación para el maestro, el aprendizaje se torna sumamente lento y hasta es probable que se detenga.

  Precisiones

Aprendizaje significativo o experimental. Este tiene el carácter de una implicación personal: la totalidad de la persona, en sus aspectos sensitivo y cognitivo, se halla en el acto de aprender. Es de iniciativa propia, pues, aun cuando el impulso o el estímulo provengan de fuera, la sensación de descubrir, de lograr, de aprehender y comprender viene de dentro. Es difusivo, puesto que hace que cambien la conducta, las actitudes y quizás hasta la personalidad del educando.

Aprendizaje de la persona total

De antiguo, la educación ha considerado el aprendizaje como una forma ordenada de la actividad cognitiva de la porción izquierda del cerebro

Involucrar a toda la persona en el aprendizaje significa también poner en libertad y utilizar la porción derecha del cerebro. El hemisferio derecho funciona de modo totalmente distinto. Es la parte intuitiva, la que aprehende la esencia antes de conocer los detalles, la que abarca la Gestalt entera, la configuración total.

En el aprendizaje significativo se combinan lo lógico y lo intuitivo, el intelecto y las sensaciones, el concepto y la experiencia, la idea y el significado. Cuando aprendemos de esa manera somos completos, utilizamos todas nuestras potencialidades masculinas y femeninas.

El dilema

Estimo que todos los maestros y educadores prefieren facilitar este tipo de aprendizaje experimental y significativo de la totalidad de la persona, antes que la forma disparatada del silabario. Con todo, en la gran mayoría de nuestras escuelas, en todos los niveles de la educación, estamos encasillados dentro de un criterio tradicional y convencional que hace difícil, si no imposible, el aprendizaje significativo.


Conclusión

Cuando los ojos del estudiante refulgen a causa de un descubrimiento, un nuevo conocimiento que colma e ilumina su vida. tal circunstancia hace que toda esa ardua tarea, ese esfuerzo personal de enseñar, se justifique plenamente. ¿Qué hacer, entonces, para que ese hermoso fulgor aparezca con mayor frecuencia?  Puede ser una filosofía, si se quiere, pero de una filosofía que surge de la experiencia de muchos profesores y estudiantes, de cuyas peripecias personales nos enteraremos a través de sus propios relatos.

Los grandes cambios en la educación y en el aprendizaje no proceden de las actividades en las aulas: evolucionan a partir de valores y convicciones que tratan de encontrar formas de llevar a cabo los cambios.


Autor: Francisco Traverso Gahan                                                                                             

lunes, 23 de junio de 2014

Esencia y fin de la Escuela Católica


La Palabra se hizo carne y habito en nosotros” (Jn 1, 14), es decir Dios se hace hombre. Así podría resumirse en primer lugar el corazón mismo del cristianismo y por ende la esencia y finalidad de la escuela católica.

Dios al hacerse hombre asume todo el hombre : su racionalidad, su afectividad, su ser personal y social, temporal y finito. Como consecuencia la escuela tiene que asumir toda la realidad personal y social de la persona humana si no quiere traicionar a su sentido de ser.Así la escuela católica “ encuentra su verdadera justificación en la misión misma de la Iglesia; se basa en un proyecto educativo en el que se funden armónicamente fe, cultura y vida. Por su medio la Iglesia local evangeliza, educa y colabora en la formación de un ambiente moralmente sano y firme en el pueblo.” (DREC 34)
Asume con mirada de fe, la entrega del Dios cristiano que abre la posibilidad al hombre y a la mujer de ser plenamente humanos.Sin Él, el hombre no puede comprenderse ni dejarse plenificar.
Se debe, pues, concebir la educación cristiana como movimiento, progreso, maduración hacia un fin ideal, que supera toda limitación humana.Y todo debe suceder conjunta y armónicamente en el trascurso de la educación humana. No son, por lo tanto, dos recorridos diversos o paralelos, sino una concordancia de factores educativos, unidos en la intención de los educadores y en la libre cooperación de los alumnos. Ya el Evangelio señala este desarrollo armónico en el joven Jesús.”(DREC110)




Esencia

  • Como parte de la Iglesia que es prolongación de la acción salvadora de Cristo, la escuela católica se alimenta, sostiene y perfecciona en su ser y en su proceder por Cristo a través de la Iglesia formada por todos los bautizados.

Todos deben poder percibir en la escuela católica la presencia viva de Jesús «Maestro» que, hoy como siempre, camina por la vía de la historia y es el único «Maestro» y Hombre perfecto en quien todos los valores encuentran su plena valoración. ”(EG 25)

  • Realidad personal- comunitaria en la que cada individuo con sus dones y capacidades contribuya al crecimiento comunitario y personal.

De la escuela-comunidad forman parte todos los que están comprometidos directamente en ella: profesores, personal directivo, administrativo y auxiliar; los padres, figura central en cuanto naturales e insustituibles educadores de sus hijos y, los alumnos, copartícipes y responsables como verdaderos protagonistas y sujetos activos del proceso educativo.(DREC 32)”


finalidad


La escuela católica tiene sobre todo dos objetivos

  • La transmisión y maduración de la fe para transformar lo íntimo y renovar a la humanidad
el deber de la educación corresponde a la Iglesia no sólo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atención constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida. La Iglesia, como Madre, está obligada a dar a sus hijos una educación que llene su vida del espíritu de Cristo y, al mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar más humanamente la edificación del mundo. ”(GE 3)




  • Conducir al hombre a su perfección humana y cristiana que implica la realidad personal y social que implica la actuación de una nueva realidad y la capacidad de asumir las obligaciones de ciudadano adulto
    Hay que ayudar, pues, a los niños y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual. Hay que prepararlos, además, para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y presten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común” (GE 1)


Hacia un concepto de escuela católica

Una presentación que puede ayudarnos a pensar sobre el concepto de la escuela católica.

http://prezi.com/mbluh5tyvfa7/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0share



Para esta presentación se trabajo sobre los siguientes documentos:

-Catequesiss traende

-Familiares consortio

-Educacion y proyecto de vida, del equipo Episcopal de Educación, en http://www.tecnocercana.com.ar/isma/doctrina/EducacionYProyectoDeVida.htm

-Escuela católica, de la Sagrada congregación para la educación católica, en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccatheduc_doc_19770319_catholic-school_sp.html

-Gravisimum educacione

lunes, 16 de junio de 2014

Acerca de la relación entre escuela y sociedad

Artículo de Don Antonio Sciortino, director de la revista italiana Famiglia Cristiana
Papa Francisco y la escuela
Leí con placer la nota principal acerca de la escuela, de la edición número veinte, en la cual se replantea la necesidad de una alianza educativa entre la escuela, la familia, los educadores deportivos y los animadores de los oratorios. Personalmente pude experimentar dicha "alianza", que también se extiende hacia las autoridades locales, a las fuerzas de orden público y a los diferentes círculos culturales. El resultado de esta colaboración conjunta en la ciudad de Roma fue la creación de un clima positivo para la educación. Todos debemos sentirnos responsables de la formación de los chicos y los jóvenes y dejarnos involucrar en la misma. Así se estará realizando aquello que el Papa Francisco ha dicho al ambiente educativo de la escuela italiana: "Para educar a un chico se necesita un pueblo". Así, los chicos y jóvenes podrán aprender las tres lenguas que propone el Papa.
Muchos de los puntos de reflexión que el papa Francisco planteó, han sido como una fiesta para la escuela de Roma. Frente a la emergencia educativa y a la pérdida del sentido de la vida, ya no hay tiempo para contraposiciones estériles entre docentes, padres y todos aquellos que tienen el corazón en el crecimiento armónico de las nuevas generaciones. En la escuela no se debe aprender sólo conceptos, sino fundamentalmente valores y estilos de vida. En este sentido se plantean las "tres lenguas", que son las de la mente, del corazón y de las manos. Esta es la explicación del Papa al respecto: "Pensar aquello que sentís y que hacés; sentir aquello que pensás y que hacés; y hacer bien aquello que pensás y sentís. Las tres lenguas, siempre armónicas, siempre juntas."



En este articulo, Monseñor Eduardo Garcia describe el lugar que ocupa el docente en la sociedad actual y como éste debe hacer frente a los niños y adolescentes en riesgo.

Artículo de Monseñor Eduardo García publicado por la Comisión de niñez y adolescencia en riego del Arzobispado de Buenos Aires
Preservar la infancia
Siempre es una alegría ver que todavía hay gente que se congrega para trabajar junto a los chicos y adolescentes, una de las fragilidades más grandes, junto con los ancianos, que tiene nuestra sociedad.
Todos los que trabajamos con los niños creemos que de una u otra manera que son una promesa y una esperanza. Trabajar en pos de esa promesa no es una utopía, es creer que es posible algo distinto.
En nuestra sociedad la infancia está marcada por una orfandad muy grande, no saber ser padre de sus hijos, de aquellos que vienen al mundo y que son el futuro. La problemática de la infancia está sin resolver desde siempre. Uno se pregunta por qué, de hecho, los derechos de los niños han sido promulgados y sin embargo siguen sin dar una respuesta y seguimos viendo que nuestros niños y adolescentes continúan en la más profunda indefensión. Esto da a pensar si realmente sabemos ubicar la realidad de la infancia y la adolescencia en su justo lugar. Si con tantos años de civilización hemos aprendido y descubierto cuál es el verdadero lugar de la infancia, y por ende, de la adolescencia. Recién hace pocos siglos, en tantos años de humanidad, al chico se le dió la categoría de niño, antes compartía la realidad, los trabajos del adulto, y los valores estaban dados por la rentabilidad de aquello que podía hacer. Recién hace doscientos años se comenzó a descubrilo como una entidad particular, que el niño es niño. No es simplemente un proyecto de adulto. Sin embargo, eso no significó un cambio, quizás significó una mirada distinta, pero con el transcurso de los años podemos descubrir que seguimos exactamente igual. Lo vemos en los programas de chicos en los cuales, en la piel de ellos, se ponen sentimientos y conflictos de adultos y no nos damos cuenta que no entendemos a los chicos, no comprendemos quiénes son. Seguimos pensando que son un proyecto de adulto. Entonces nos sentimos satisfechos cuanto más rápido acortemos los plazos de la infancia y el chico comience a ser un adolescente, porque en realidad, no sabemos qué hacer con ellos, cómo tratarlos. Y si en la antiguedad los chicos pasaron a ser la diversión de las cortes, hoy también son parte de la diversión de los adultos, de este adulto-centrismo en el cual vivimos, el chico es una pieza dentro de un engranaje, pero nada más.
Y desde esa perspectiva vamos perdiendo y pervirtiendo toda la confidencialidad, la originalidad, toda la riqueza que van teniendo. Cuando miramos al chico simplemente, desde el adulto estamos proyectando aquello que pensamos que él debería ser y no lo que él realmente es. Estamos exigiendole aquello que pensamos que tiene que alcanzar y no lo que puede alcanzar, estamos usando su figura, sus afectos, usando incluso su propia corporeidad.
El chico vale por lo que puede aportar de una manera rentable desde los medios de comunicación social, desde lo que puede producir por aquello que pide. También es rentable desde la prostitución infantil, hacerlo vender droga, desde hacerlo trabajar desde muy chiquito en muchos ámbitos. Y el chico sigue siendo un objeto de rentabilidad y no realmente alguien considerado una persona en desarrollo, que tiene que vivir la infancia para poder llegar a ser adulto, creo que esa es la clave de todo agente de pastoral, la clave de todo aquel que se dedique al trabajo con chicos, ayudar a los chicos a ser chicos.
Recuperar la infancia y esto es lo que más nos cuesta. No se puede ser adulto si no se fue chico. No se puede ser adolescente si no se ha pasado por la etapa de la infancia, no se aprende a dialogar si no se aprendió a jugar, no se aprende a convivir con los demás si no se aprendió a vincularse desde los propios sentimientos infantiles. El chico tiene realidades propias que le corresponden a su edad, el chico que no pudo ser chico será un adulto inmaduro. Porque no supo vivir aquello que le correspondía y se le exigió que fuera aquello que no tiene que ser. Devolverles la infancia, creo que es el gran desafío, desde muchos lugares, desde lugares preventivos, desde lugares concretamente pedagógicos, de acompañamiento, de evangelización, sanitarios; devolverles la infancia, dejar que sea chico y que no se averguence de serlo. Imagino que los chicos quieren llegar a ser grandes, lástima que cuando somos grandes desearíamos volver a ser chicos. Y ya es tarde, ya pasó.
Por lo tanto, el chico como el viejo molestan. Porque no producen, porque no se sabé qué hacer con ellos, proque hay que dedicarles tiempo, porque hay que ayudarlos a aprender el arte de la vida. Quizá uno de nuestros grandes esfuerzos al ponernos a trabajar con ellos es hacer memoria de nuestra propia infancia, de aquello que nos hizo sufrir y aquello que nos alegró, para hacer crecer los motivos de alegría y evitar los sufrimientos.
Los adultos, quienes supuestamente tenemos más experiencia en la vida, tenemos el deber y el derecho de preservar la infancia. Hay muchos imperativos que les vamos imponiendo a nuestros chicos: que no hagas esto ni aquello, o los superlativos: podés todo; los dos extremos son perniciosos. Porque los NO absolutos y reiterados provocan mucha amargura y frustación. Y los SÍ absolutos provocan hambre de límites. Buscar un equilibrio, saber descubrir cuáles son sus ncesidades fundamentales, sabernos meter en sus corazones y en sus expectativas, para descubrir desde ahí lo que ellos necesitan, porque lo que ellos necesitan es lo que tenemos que brindarles. Como Iglesia, en esta terrible orfandad que vive nuestra sociedad, tenemos que ejercer esta maternidad, esta paternidad que Dios nos confía. En todos los ámbitos hacernos cargo como padre y madre de los chicos.
Porque si creemos en un Dios que es misericordia pero sobre todo es ternura, y habla con amor y protección a todos sus hijos, es desde ese sentimiento que tenemos que acercarnos.
Puede haber planes fabulosos, fantásticos, geniales, como también hay leyes y derechos geniales, innegables, pero a los que les falta justamente esa ternura que sólo es capaz de percibirse cuando nos acercamos y nos hacemos carne en el gesto.
Ayudar a los chicos, acercandonos realmente a ellos, desde ellos, en la situación que estén, eso es lo que nos pide el Señor: lo que hacen con el más pequeño, lo hacen conmigo, y en cada uno de ellos justamente está el Señor mostrandose y pidiendonos algo, quizá pidiendonos que rescatemos también al niño que hay en nosotros y que el Señor alaba y bendice para que desde ese niño nos acerquemos con naturalidad a los chicos y podamos acompañarlos, ayudarlos, consolarlos, comprenderlos, ayudarlos fundamentalmente a vivir 
"Porque si creemos en un Dios que es misericordia pero sobre todo es ternura, y habla con amor y protección a todos sus hijos, es desde ese sentimiento que tenemos que acercarnos."



      

La construcción del éxito y del fracaso escolar

  1. “LA CONSTRUCCIÓN DEL 
    ÉXITO Y DEL FRACASO ESCOLAR”

Perrenoud

  1. La formación de un hábito y del sentido común


La cuestión de que las intenciones de la escuela figuren con toda claridad en un plan de estudios detallado o se definan más vagamente en el campo de la educación moral, religiosa o cívica es, en efecto, importante. Pero no podemos hablar de un curriculum verdaderamente oculto si se trata sólo de un curriculum moral eufemizado o idealizado. La noción de curriculum oculto, en sentido estricto, se refiere a las condícíones y rutinas de la vida escolar que originan regularmente aprendizajes ignotos, ajenos a los que la escuela conoce y declara querer favorecer.
JACKSON (1968), en su libro Life in Classrooms (La vida en las aulas), identifica el curriculum oculto con las rutinas cotidianas que, en el funcionamiento de la clase y del establecimiento escolar, hacen que los alumnos aprendan, generación tras generación, a vivir en un ambiente superpoblado, a ser juzgados constantemente por profesores o compañeros e, incluso, a obedecer a quienes detentan el poder.

1. se aprende a "vivir dentro de una masa",
2. se aprende paralelamente a matar el tiempo,
3. se aprende a dejarse evaluar por otros;
4. a satisfacer las expectativas del maestro y de los compañeros
5. se aprende a vivir en una sociedad jerarquizada y estratificada
6. controlar o, al menos, a influir sobre el ritmo de trabajo escolar
7. se aprende, por último, a funcionar dentro de un grupo restringido, a compartir y emplear los valores y códigos de comunicación.

Estos siete puntos resumen la lista de EGGLESTON (1977, págs. 110 a 113).Sin duda, no es exhaustiva. Por ejemplo, habría que añadir a la lista de aprendizajes: a) una referencia al tiempo, a través de los horarios y la división del tiempo escolar, la experiencia de los plazos, de las esperas, rendimientos, ritmos impuestos por otros, previsión, regularidad; b) una referencia al espacio privado y público, mediante la interiorización de las distancias adecuadas en la interacción social, las fronteras invisibles que han de respetarse (cf. HALL, 1971 ); c) una referencia a las reglas y los saberes.
Si se admite que la cultura y, en nuestro caso particular, la cultura ilustrada, es, en cuanto código común, lo que permite a todos los detentadores de ese código asociar el mismo sentido a las mismas palabras, a los mismos comportamientos y a las mismas obras, y, recíprocamente, expresar la misma intención significante mediante las mismas palabras, los mismos comportamientos y las mismas obras, se comprende que la escuela, encargada de transmitir esta cultura, constituya el factor fundamental del consenso cultural como participación en un sentido común, que es la condición de la comunicación. Lo que los individuos deben a la escuela es, pues, todo un conjunto de lugares comunes, que no consisten sólo en discurso y lenguaje comunes, sino también campos de encuentro y de entendimiento, problemas comunes y maneras comunes de abordar los problemas comunes:

Este enfoque de la cultura escolar, tal como es interiorizada en último término por los alumnos, ha sido desarrollada a propósito de la enseñanza secundaria o universitaria. Se trata, por tanto, más allá de los saberes y saber hacer particulares, de constituir categorías y esquemas de pensamiento. Esta comunidad de hábitos permite a quienes han hecho los mismos estudios, pertenecen al mismo cuerpo o a la misma escuela, reconocerse y comunicarse.

Un niño que, viviendo en nuestra sociedad, no asistiera a la escuela y no recibiera una instrucción equivalente, es probable que no aprendiera a escribir ni, quizá, a leer ni a contar. Sin duda, ignoraría todas las reglas gramaticales y ortográficas y sabría muy poco de historia, geografía o ciencias naturales, en el sentido en que esos saberes figuran en el curriculum. ¿Este niño pensaría de otra manera? ¿Estaría excluido del sentido común?. La escuela, en la medida en que se encarga ampliamente de los niños y los enfrenta con problemas intelectuales que no siempre encuentran fuera de ella, desempeña un papel fundamental en la adquisición de ciertos aspectos del sentido común, en la formación de las rutinas intelectuales gracias a las cuales damos por sentadas, evidentes, indiscutibles múltiples facetas de la realidad, así como las formas de describirlas, organizarlas desde el punto de vista lógico, transformarlas. Pero el sentido común se define precisamente por el desconocimiento de esta arbitrariedad, la certidumbre de que nuestra forma de ver el mundo y de definir la realidad es la única posible o, en todo caso, la única con sentido.
El aprendizaje del sentido común, es quizá, el componente mejor escondido del curriculum oculto. En definitiva, el aprendizaje del sentido común forma parte del aprendizaje del oficio de alumno. Eso mismo puede decirse de la mayor parte de los aprendizajes favorecidos por el currículum oculto, lo que no impide que surta efecto más allá de la escolaridad, efectos pertinentes desde el punto de vista de la integración social, en su sentido más amplio.


Aprender el oficio de alumno

Para asimilar la unidad de los aprendizajes más o menos ocultos, podríamos atenernos a dos observaciones principales:

a) el aula constituye un medio de vida especial, hace falta aprender "sobre la marcha"; en el transcurso de meses y, después, de años, el escolar adquiere los saberes y el saber hacer, valores y códigos. En la escuela, se aprende el oficio de alumno;

b)En este sentido, la escuela prepara para la vida, al menos, a través del hábito de actor social y de las cualificaciones y conocimientos que permite adquirir.

Nos interesaremos más aquí por la primera categoría de aprendizajes, porque nos remiten más directamente a las normas de excelencia y a la evaluación. En efecto, nada puede entenderse de la enseñanza si olvidamos que el período de escolaridad no constituye sólo un medio, una preparación para la vida, sino un momento de la vida en sí mismo, que tiene ya una organización compleja. ¡Tener éxito en la escuela, supone aprender las reglas del luego!
Este aprendizaje puede hacerse mediante la experiencia, en alguna medida, por la práctica, de modo que el nuevo miembro del grupo u organización, descubre poco a poco, lo que conviene hacer en cada situación, al precio, quizá, de tanteos.
La definición de la cultura escolar supera al sistema de enseñanza, aunque sea el lugar privilegiado no sólo para su transmisión, sino para su práctica.
La atención dispensada al curriculum formal impide a menudo ver que, como las demás organizaciones, la escuela mantiene en secreto su cultura interna, Y esto ocurre también porque, al menos para los alumnos no hay demarcación clara entre la cultura escolar, que se encarna en el curriculum, y la cultura de la organización, que es para los alumnos lo que la cultura hospitalaria para los pacientes, la carcelaria para los presos o la judicial para los reos.

a) aprender a leer y a escribir constituyen objetivos fundamentales, pero también son condiciones de participación para proseguir la escolaridad;

b) de igual modo, la construcción del número,

c) desde hace una veintena de años, se insiste mucho en la necesidad de aprender a aprender. Quien, al salir de la escuela, haya aprendido a aprender dispondrá de algunas bazas suplementarias en su vida de adulto, cada vez que se encuentre ante un problema que exija la adquisición de competencias de las que carezca.

Podríamos añadir todos los que surgen del currículum moral o de los objetivos a veces denominados "no cognitivos": orden, limpieza, educación, servicialidad, espíritu de cooperación, respeto de la propiedad, no violencia, etc. Asimilar el currículum supone convertirse en oriundo de la organización escolar, hacerse capaz de desempeñar su papel de alumno sin perturbar el orden ni exigir una atención especial.
Sólo algunos de los aprendizajes previstos en el curríulum formal tienen importancia vital en el funcionamiento de la organización.

a) por una parte, el conjunto de componentes del currículum formal cuya asimilación carece de importancia crucial para la organización escolar, porque no son objeto de ninguna evaluación formal.

b) por otra parte, los elementos de cultura que, con independencia de su funcionalidad para la organización, carecen de equivalente alguno en el currículum formal; Por eso, la excelencia escolar, definida en abstracto como la apropiación del currículum formal, se Identifica muchas veces, en la practica, con el ejercicio cualificado del oficio de alumno. La evaluación informal consiste, pues, en gran parte, en asegurar que el alumno aprenda y desempeñe su cometido de manera adecuada. Es evidente que esto no es independiente de cierto dominio de los saberes y saber hacer inscritos en un plan de estudios. Pero este dominio se empareja con las formas y contenidos de un trabajo escolar que siempre, y hasta cierto punto, está desligado de sus finalidades educativas, transformando en un conjunto de rutinas, como cualquier actividad regular en una organización burocrática.


Francisco Javier Traverso Gahan


El rol del maestro católico

Este video ilustra muy bien la influencia que puede tener una figura adulta (padre o maestro) en la vida de un niño. Muchas veces, en el rol que el maestro católico desempeña en el aula, su testimonio de comportamiento puede llegar a ser más valioso que los contenidos que quiera transmitir

  • https://www.youtube.com/watch?v=dNeaCh1FAyU