En esta entrevista podemos conocer un metodo renovado de catequesis que apunta a que cada chico tenga una experiencia de Dios personal. Con algunas variantes podría enriquecer la catequesis escolar.
Entrevista a Manuela Ferroni, catequista
de la parroquia San Martín de Porres de Belgrano, publicada en la revista
"Comunicarnos" de la Comisión de niñez y adolescencia en riesgo del
Arzobispado de Buenos Aires en enero de 2012
El pastor llama y las ovejas escuchan su voz
El niño es
esencialmente religioso. Él viene de Dios y Dios vive en él. La catequesis del
Buen Pastor es una metodología especial de transmición y vivencia de la Fe que
ayuda y guía al niño a un verdadero encuentro con Jesús.
¿Qué es la
Catequesis del Buen Pastor?
Es un
acercamiento a la formación religiosa de los niños a partir de los tres años y
hasta los doce, centrada en la Misa, la Biblia y la Liturgia. Sofía Cavalletti,
junto con Gianna Gobbi, su amiga, desarrollaron esta catequesis del Buen Pastor
a partir de los años cincuenta, inspiradas en la pedagogía de María Montessori,
cuyos principios son la capacidad del niño a la concentración, su amor al orden
y al silencio, y el gozo en el trabajo.
¿Cuánto hace que
está en la Argentina?
En esta
parroquia, dos años, y en la Argentina, hace más de veinticinco. La trajo una
señora que vino de Italia, país donde se creó y se ha ido expandiendo de a
poco, aquí nunca ha tenido una difusión a nivel nacional. En la Ciudad de
Buenos Aires está sólo en esta parroquia y está también en la Provincia de
Buenos Aires y en Santa Fe, donde tuvo mucho impulso por parte de un obispo, y
en Bariloche. En otros países de Sudamérica, como en Colombia, está muy
difundida y en cada ciudad hay una modalidad de atrio.
¿Qué tiene de
especial el lugar donde se desarrolla?
El lugar
donde los chicos vienen a tener un encuentro personal con Dios, que es su lugar
de oración y de contemplación, se llama atrio. Aquí cada uno va a trabajar en
forma personal lo que surja de su interior a partir de las distintas
presentaciones.
En atrio no
es un salón de clase, sino un lugar para vivir su vida religiosa. Venimos al
atrio para estar con Jesús, a estar con Dios y a gozar de Dios. Así lo llamó
María Montessori, en referencia a la arquitectura de las grandes iglesias en
las que el atrio es el espacio entre la calle y el lugar sagrado, en el cual
nos preparamos para el encuentro con Dios.
¿Cómo es este
encuentro entre los niños y Dios?
Cuandos los
chicos comienzan a los tres años los iniciamos con una serie de trabajos que
los vaya preparando para estar en silencio, poder estar quietos y controlar su
cuerpo, y poder entrar de a poquito en concentración y contemplación, que sería
la base para después ir creciendo en su vida espiritual y en su encuentro
personal con Dios.
La primera
parte que los chicos conocen del atrio es la que llamamos de normalización,
tienen más elementos y los ejercicios responden al interés del niño y los van induciendo a la serenidad,
a poder observar una misma tarea sin importar los que pase alrededor.
Al principio
conocen esto y el rincón de oración. El resto de las presentaciones se van
dando una por vez y se da grupalmente luego, cada niño trabaja con el material
que prefiere.
En el atrio
están el rincón de Biblia y los trabajos de Biblia, el rincón de bautismo, el
de liturgia y el rincón de oración.
La
catequista es sólo una intermediaria entre el chico y la Palabra de Dios. Este
método se basa en la observación profunda del niño y la escucha atenta a sus
capacidades y necesidades religiosas, se centra en la vivencia de cada chico y
lo que cada uno va proponiendo. Muchos dicen que ha sido el aporte más
importante a la catequesis del siglo XX y nosotros tratamos de inspirarnos en
ella y de ser fieles a como se concibió y se creó.
¿Cómo se organiza?
¿Según las edades?
Tiene tres
niveles, el primero de tres a seis, el segundo de seis a nueve y de nueve a
doce el último nivel.
En esos
nueve años siempre van teniendo cosas nuevas, si bien seguimos el calendario
litúrgico y todos los años se ven los mismos temas, se presentan como en
círculos concéntricos cada vez más ampliados. En esta parroquia por ahora sólo
está el primer nivel, arrancamos todos juntos y vamos creciendo con los chicos.
En el
primer nivel trabajan más sobre lo concreto y el dibujo. A partir de los seis
ya tienen otras inquietudes y trabajan también con la escritura y la lectura.
Cada chico trabaja con una presentación por vez. La norma es que hay un
material de cada cosa y si está ocupado tenemos que esperar que se desocupe,
eso también tiene que ver con el tema de la elección. Saber con qué quiero
trabajar y no estar esperando la consigna de una maestra, porque no todos
tenemos las mismas inquietudes ni el mismo nivel de interés. Lo que se busca es
ese encuentro personal del niño con Dios y lo que él me propone. A través de
los materiales, que están pensados todos para su interés, logran ese estado sin
estar forzados u obligados a permanecer quietos o callados. Ellos desean
realmente eso y lo menifiestan. Muchos chicos dicen que lo que más les gusta
del atrio es el silencio.
El material
para la formación religiosa en la catequesis del buen Pastor es una segunda
ayuda indirecta para el niño. No es un material didáctico es una ayuda al
maestro para hacer su enseñanza más atrayente. Su objetivo es ayudar a la
meditación y a la oración.
¿Se sigue un
programa?
Como cada
chico es único y diferente, no hay un programa. Hay chicos que sólo quieren
hacer cosas de misa. Hay otros que se enganchan con otra cosa y están todo el
año con eso. La repetición en esta edad de tres a seis es lo que a ellos les
hace fijar el mensaje, y su meditación pasa por el trabajo concreto, tocar,
hacer, pegar y dibujar. Es su manera de meditar y tener un encuentro con Dios.
Una de las
primeras presentaciones es la de la Biblia, que es el libro más importante
porque tiene escritas las palabras de Dios. De pie, prendemos las velas y
leemos: "yo soy la luz del mundo", que después se retoma en otros
momentos del año.
La
presentación del Buen Pastor también es central en la catequesis, leemos la
parábola del Buen Pastor, y después vamos a conocer el material para entender
mejor qué es lo que dice Jesús. Cuando terminamos, hacemos una breve
meditación.
Cuando
hablamos de la parábola del grano de mostaza meditamos sobre lo chiquito y lo grande,
sobre el crecimiento: qué le da la fuerza a esta semilla para crecer y qué les
pasa a ellos. De dónde sale esa fuerza vital que nos hace crecer. Y cuando
descubren por sí solos que es Dios quien nos da esa fuerza, lo viven con una
alegría inmensa.
En otro
sector ubicamos el lugar donde nosotros nacimos y vivimos y donde nació, vivió,
murió y resucitó Jesús. Todas esas presentaciones hablan de la tierra de Jesús.
Cada rincón tiene sus presentaciones.
¿Cómo se preparan
las catequistas?
Hay
catequistas que son formadoras, que son catequistas desde que la experiencia
llegó al país y tienen diesciocho años o más dando catequesis. No hay muchas
formadoras y todos los años empiezan cursos nuevos en diferentes lugares y ahí
es cuando nos juntamos las que estabamos interesadas. El curso del tercer nivel
ahora se está dando en Brasil, otros han viajado a Colombia, se ha dado en
Uruguay. Idealmente las formadoras han tomado los tres cursos y tienen
experiencia con los chicos en los tres grupos de edad.
Cuando nos
preparamos para ser catequistas, estudiamos bastante sobre el desarrollo del
niño, porque conociendo las necesidades de los niños podemos ayudarles en su
desarrollo personal.
¿Cómo entran los
papás?
Estamos
todos insertos en un mundo muy acelerado y esto va un poco en contra de
mandarlos a inglés, arte, ballet, natación, y todo lo que se espera que se le
pueda dar a un hijo a esta edad. Pero los que se engancharon son los que hacen
la difusión. El mejor marketikg es un papá enamorado de la catequesis. Porque
hay otros que cuando les contás piensan que el chico se va a hacer cura o
monja. Ellos, como padres, eligieron esta opción. Se fortalecen en su propia
vivencia como padres y en lo que quieren darles a sus hijos.
¿Por qué se le dió
el nombre catequesis del Buen Pastor?
Al
principio se llamaba catequesis según la pedagogía de María Montessori, pero ya
desde los primeros años de la vida en el atrio, a mediados del siglo XX, está
documentado que los niños hacían suya esta parábola de tal manera que a menudo
podían utilizarla en referencia a otros temas, y esta parábola tiene el núcleo
esencial del mensaje cristiano: en ese amor de entrega total de sí del Buen
Pastor, encontramos el corazón del misterio pascual de Cristo, su muerte y
Resurrección. Y fueron los mismos chicos los que con ella pudieron entender el
misterio de la misa llegando a que el Buen Pastor fue el que dió su vida porque
él se da en el altar y se hace pan y vino.
La parábola
es tan vital para los niños que se convierte en punto de referencia para los
otros temas que se conocen, y en sus dibujos aparece esta relación. Estas
relaciones son producto de la reflexión de los niños, surgen de ellos
mostrandonos que el mensaje ha penetrado en lo más profundo de su ser.
La capacidad que tiene
el niño de enamorarse de Dios tiene sus raíces en esta parábola. Los niños
disfrutan verdaderamente la presencia del Buen Pastor en sus vidas.
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