Una presentación que puede ayudarnos a pensar sobre el concepto de la escuela católica.
http://prezi.com/mbluh5tyvfa7/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0share
Para esta presentación se trabajo sobre los siguientes documentos:
-Catequesiss traende
-Familiares consortio
-Educacion y proyecto de vida, del equipo Episcopal de Educación, en http://www.tecnocercana.com.ar/isma/doctrina/EducacionYProyectoDeVida.htm
-Escuela católica, de la Sagrada congregación para la educación católica, en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccatheduc_doc_19770319_catholic-school_sp.html
-Gravisimum educacione
lunes, 23 de junio de 2014
lunes, 16 de junio de 2014
Acerca de la relación entre escuela y sociedad
Artículo de Don Antonio Sciortino, director de la
revista italiana Famiglia Cristiana
Papa Francisco y la escuela
Leí con placer la
nota principal acerca de la escuela, de la edición número veinte, en la cual se
replantea la necesidad de una alianza educativa entre la escuela, la
familia, los educadores deportivos y los animadores de los oratorios.
Personalmente pude experimentar dicha "alianza", que también se
extiende hacia las autoridades locales, a las fuerzas de orden público y a los
diferentes círculos culturales. El resultado de esta colaboración conjunta en
la ciudad de Roma fue la creación de un clima positivo para la educación. Todos
debemos sentirnos responsables de la formación de los chicos y los jóvenes y
dejarnos involucrar en la misma. Así se estará realizando aquello que el Papa
Francisco ha dicho al ambiente educativo de la escuela italiana: "Para
educar a un chico se necesita un pueblo". Así, los chicos y
jóvenes podrán aprender las tres lenguas que propone el Papa.
Muchos de los
puntos de reflexión que el papa Francisco planteó, han sido como una fiesta
para la escuela de Roma. Frente a la emergencia educativa y a la pérdida del
sentido de la vida, ya no hay tiempo para contraposiciones estériles entre
docentes, padres y todos aquellos que tienen el corazón en el crecimiento
armónico de las nuevas generaciones. En la escuela no se debe aprender sólo
conceptos, sino fundamentalmente valores y estilos de vida. En este
sentido se plantean las "tres lenguas", que son las de la mente, del
corazón y de las manos. Esta es la explicación del Papa al respecto: "Pensar
aquello que sentís y que hacés; sentir aquello que pensás y que hacés; y hacer
bien aquello que pensás y sentís. Las tres lenguas, siempre armónicas, siempre
juntas."

En este articulo, Monseñor Eduardo Garcia describe el lugar que ocupa el docente en la sociedad actual y como éste debe hacer frente a los niños y adolescentes en riesgo.

Artículo de Monseñor Eduardo García
publicado por la Comisión de niñez y adolescencia en riego del Arzobispado de
Buenos Aires
Preservar la infancia
Siempre es una
alegría ver que todavía hay gente que se congrega para trabajar junto a los
chicos y adolescentes, una de las fragilidades más grandes, junto con los
ancianos, que tiene nuestra sociedad.
Todos los
que trabajamos con los niños creemos que de una u otra manera que son una
promesa y una esperanza. Trabajar en pos de esa promesa no es una utopía, es
creer que es posible algo distinto.
En nuestra
sociedad la infancia está marcada por una orfandad muy grande, no saber ser
padre de sus hijos, de aquellos que vienen al mundo y que son el futuro. La
problemática de la infancia está sin resolver desde siempre. Uno se pregunta
por qué, de hecho, los derechos de los niños han sido promulgados y sin embargo
siguen sin dar una respuesta y seguimos viendo que nuestros niños y
adolescentes continúan en la más profunda indefensión. Esto da a pensar si
realmente sabemos ubicar la realidad de la infancia y la adolescencia en su
justo lugar. Si con tantos años de civilización hemos aprendido y descubierto
cuál es el verdadero lugar de la infancia, y por ende, de la adolescencia.
Recién hace pocos siglos, en tantos años de humanidad, al chico se le dió la
categoría de niño, antes compartía la realidad, los trabajos del adulto, y los
valores estaban dados por la rentabilidad de aquello que podía hacer. Recién
hace doscientos años se comenzó a descubrilo como una entidad particular, que
el niño es niño. No es simplemente un proyecto de adulto. Sin embargo, eso no
significó un cambio, quizás significó una mirada distinta, pero con el
transcurso de los años podemos descubrir que seguimos exactamente igual. Lo
vemos en los programas de chicos en los cuales, en la piel de ellos, se ponen
sentimientos y conflictos de adultos y no nos damos cuenta que no entendemos a
los chicos, no comprendemos quiénes son. Seguimos pensando que son un proyecto
de adulto. Entonces nos sentimos satisfechos cuanto más rápido acortemos los
plazos de la infancia y el chico comience a ser un adolescente, porque en
realidad, no sabemos qué hacer con ellos, cómo tratarlos. Y si en la antiguedad
los chicos pasaron a ser la diversión de las cortes, hoy también son parte de
la diversión de los adultos, de este adulto-centrismo en el cual vivimos, el
chico es una pieza dentro de un engranaje, pero nada más.
Y desde esa
perspectiva vamos perdiendo y pervirtiendo toda la confidencialidad, la
originalidad, toda la riqueza que van teniendo. Cuando miramos al chico
simplemente, desde el adulto estamos proyectando aquello que pensamos que él
debería ser y no lo que él realmente es. Estamos exigiendole aquello que
pensamos que tiene que alcanzar y no lo que puede alcanzar, estamos usando su
figura, sus afectos, usando incluso su propia corporeidad.
El chico
vale por lo que puede aportar de una manera rentable desde los medios de
comunicación social, desde lo que puede producir por aquello que pide. También
es rentable desde la prostitución infantil, hacerlo vender droga, desde hacerlo
trabajar desde muy chiquito en muchos ámbitos. Y el chico sigue siendo un objeto
de rentabilidad y no realmente alguien considerado una persona en desarrollo,
que tiene que vivir la infancia para poder llegar a ser adulto, creo que esa es
la clave de todo agente de pastoral, la clave de todo aquel que se dedique al
trabajo con chicos, ayudar a los chicos a ser chicos.
Recuperar
la infancia y esto es lo que más nos cuesta. No se puede ser adulto si no se
fue chico. No se puede ser adolescente si no se ha pasado por la etapa de la
infancia, no se aprende a dialogar si no se aprendió a jugar, no se aprende a
convivir con los demás si no se aprendió a vincularse desde los propios
sentimientos infantiles. El chico tiene realidades propias que le corresponden a su edad, el
chico que no pudo ser chico será un adulto inmaduro. Porque no supo vivir
aquello que le correspondía y se le exigió que fuera aquello que no tiene que
ser. Devolverles la infancia, creo que es el gran desafío, desde muchos
lugares, desde lugares preventivos, desde lugares concretamente pedagógicos, de
acompañamiento, de evangelización, sanitarios; devolverles la infancia, dejar
que sea chico y que no se averguence de serlo. Imagino que los chicos quieren
llegar a ser grandes, lástima que cuando somos grandes desearíamos volver a ser
chicos. Y ya es tarde, ya pasó.
Por lo tanto,
el chico como el viejo molestan. Porque no producen, porque no se sabé qué
hacer con ellos, proque hay que dedicarles tiempo, porque hay que ayudarlos a
aprender el arte de la vida. Quizá uno de nuestros grandes esfuerzos al
ponernos a trabajar con ellos es hacer memoria de nuestra propia infancia, de
aquello que nos hizo sufrir y aquello que nos alegró, para hacer crecer los
motivos de alegría y evitar los sufrimientos.
Los
adultos, quienes supuestamente tenemos más experiencia en la vida, tenemos el
deber y el derecho de preservar la infancia. Hay muchos imperativos que les
vamos imponiendo a nuestros chicos: que no hagas esto ni aquello, o los
superlativos: podés todo; los dos extremos son perniciosos. Porque los NO
absolutos y reiterados provocan mucha amargura y frustación. Y los SÍ absolutos
provocan hambre de límites. Buscar un equilibrio, saber descubrir cuáles son
sus ncesidades fundamentales, sabernos meter en sus corazones y en sus
expectativas, para descubrir desde ahí lo que ellos necesitan, porque lo que
ellos necesitan es lo que tenemos que brindarles. Como Iglesia, en esta
terrible orfandad que vive nuestra sociedad, tenemos que ejercer esta
maternidad, esta paternidad que Dios nos confía. En todos los ámbitos hacernos
cargo como padre y madre de los chicos.
Porque si
creemos en un Dios que es misericordia pero sobre todo es ternura, y habla con
amor y protección a todos sus hijos, es desde ese sentimiento que tenemos que
acercarnos.
Puede haber
planes fabulosos, fantásticos, geniales, como también hay leyes y derechos
geniales, innegables, pero a los que les falta justamente esa ternura que sólo
es capaz de percibirse cuando nos acercamos y nos hacemos carne en el gesto.
Ayudar a
los chicos, acercandonos realmente a ellos, desde ellos, en la situación que
estén, eso es lo que nos pide el Señor: lo que hacen con el más pequeño, lo
hacen conmigo, y en cada uno de ellos justamente está el Señor mostrandose y
pidiendonos algo, quizá pidiendonos que rescatemos también al niño que hay en
nosotros y que el Señor alaba y bendice para que desde ese niño nos acerquemos
con naturalidad a los chicos y podamos acompañarlos, ayudarlos, consolarlos,
comprenderlos, ayudarlos fundamentalmente a vivir

"Porque si
creemos en un Dios que es misericordia pero sobre todo es ternura, y habla con
amor y protección a todos sus hijos, es desde ese sentimiento que tenemos que
acercarnos."
La construcción del éxito y del fracaso escolar
“LA CONSTRUCCIÓN DEL
ÉXITO Y DEL FRACASO ESCOLAR”
Perrenoud
La formación de un hábito y del sentido común
La cuestión
de que las intenciones de la escuela figuren con toda claridad en un
plan de estudios detallado o se definan más vagamente en el campo de
la educación moral, religiosa o cívica es, en efecto, importante.
Pero no podemos hablar de un curriculum
verdaderamente oculto
si se trata sólo de un curriculum
moral
eufemizado o idealizado. La noción de curriculum
oculto,
en sentido estricto, se refiere a las condícíones
y rutinas de
la vida escolar que
originan regularmente aprendizajes ignotos, ajenos a los que la
escuela
conoce
y declara querer favorecer.
JACKSON
(1968), en su libro Life
in Classrooms (La
vida en las aulas), identifica el curriculum
oculto
con las
rutinas cotidianas que, en
el funcionamiento de la clase y del establecimiento escolar, hacen
que los alumnos aprendan, generación tras generación, a vivir en un
ambiente superpoblado, a ser juzgados constantemente por profesores o
compañeros e, incluso, a obedecer a quienes detentan el poder.
1. se
aprende a "vivir dentro de una masa",
2. se
aprende paralelamente a matar el tiempo,
3. se
aprende a dejarse evaluar
por
otros;
4.
a satisfacer las expectativas
del
maestro y de los compañeros
5. se
aprende a
vivir en una sociedad
jerarquizada y
estratificada
6.
controlar o, al menos, a
influir
sobre el ritmo de trabajo escolar
7.
se aprende, por último, a funcionar dentro de un grupo restringido,
a compartir y emplear los valores y códigos de comunicación.
Estos siete
puntos resumen la lista de EGGLESTON (1977, págs. 110 a 113).Sin
duda, no es exhaustiva. Por ejemplo, habría que añadir a la lista
de aprendizajes: a)
una referencia al tiempo, a
través de los horarios y
la
división del tiempo escolar, la experiencia de los plazos, de las
esperas, rendimientos, ritmos impuestos por otros, previsión,
regularidad; b)
una
referencia
al espacio privado y público, mediante
la interiorización de las distancias adecuadas en la interacción
social, las fronteras invisibles que han de respetarse (cf. HALL,
1971 ); c) una
referencia a las reglas y
los
saberes.
Si se
admite que la cultura y,
en
nuestro caso particular, la cultura ilustrada, es, en cuanto código
común, lo que permite a todos los detentadores de ese código
asociar el mismo sentido a las mismas palabras, a los mismos
comportamientos y
a
las mismas obras, y,
recíprocamente,
expresar la misma intención significante mediante las mismas
palabras, los mismos comportamientos y
las
mismas obras, se comprende que la escuela, encargada de transmitir
esta cultura, constituya el factor fundamental del consenso cultural
como participación en un sentido común, que es la condición de la
comunicación. Lo que los individuos deben a la escuela es, pues,
todo un conjunto de lugares comunes, que no consisten sólo en
discurso y
lenguaje
comunes, sino también campos de encuentro y de entendimiento,
problemas comunes y
maneras
comunes de abordar los problemas comunes:
Este enfoque
de la cultura escolar, tal como es interiorizada en último término
por los alumnos, ha sido desarrollada a propósito de la enseñanza
secundaria o universitaria. Se trata, por tanto, más allá de los
saberes y
saber
hacer particulares, de constituir categorías y
esquemas
de pensamiento. Esta comunidad de hábitos permite a quienes han
hecho los mismos estudios, pertenecen al mismo cuerpo o a la misma
escuela, reconocerse y
comunicarse.
Un niño
que, viviendo en nuestra sociedad, no asistiera a la escuela y
no
recibiera una instrucción equivalente, es probable que no aprendiera
a escribir ni, quizá, a leer ni a contar. Sin duda, ignoraría
todas las reglas gramaticales y
ortográficas
y
sabría
muy poco de historia, geografía o ciencias naturales, en el sentido
en que esos saberes figuran en el curriculum.
¿Este
niño pensaría de otra manera? ¿Estaría excluido del sentido
común?. La escuela, en la medida en que se encarga ampliamente de
los niños y los enfrenta con problemas intelectuales que no siempre
encuentran fuera de ella, desempeña un papel fundamental en la
adquisición de ciertos
aspectos del sentido común, en
la formación de las rutinas intelectuales gracias a las cuales damos
por sentadas, evidentes, indiscutibles múltiples facetas de la
realidad, así como las formas de describirlas, organizarlas desde el
punto de vista lógico, transformarlas. Pero el
sentido común
se
define precisamente por el desconocimiento de esta arbitrariedad, la
certidumbre de que nuestra forma de ver el mundo y de definir la
realidad es la única posible o, en todo caso, la única con sentido.
El
aprendizaje del sentido común, es quizá, el componente mejor
escondido del curriculum
oculto.
En definitiva, el
aprendizaje del sentido común forma parte del aprendizaje del oficio
de
alumno.
Eso
mismo puede decirse de la mayor parte de los aprendizajes favorecidos
por el currículum
oculto,
lo que no impide que surta efecto más allá de la escolaridad,
efectos pertinentes desde el punto de vista de la integración
social, en su sentido más amplio.
Aprender el oficio de alumno
Para asimilar la unidad de los
aprendizajes más o menos ocultos, podríamos atenernos a dos
observaciones principales:
a)
el aula constituye un medio de vida especial, hace falta aprender
"sobre la marcha"; en el transcurso de meses y, después,
de años, el escolar adquiere los saberes y el saber hacer, valores y
códigos. En la escuela, se aprende el oficio
de alumno;
b)En
este sentido, la escuela prepara para la vida, al menos, a través
del
hábito de actor social y
de
las cualificaciones y
conocimientos
que permite adquirir.
Nos
interesaremos más aquí por la primera categoría de aprendizajes,
porque nos remiten más directamente a las normas de excelencia y a
la evaluación. En efecto, nada puede entenderse de la enseñanza si
olvidamos que el período de escolaridad no constituye sólo un
medio, una preparación para la vida, sino un momento
de la vida en
sí mismo, que tiene ya una organización compleja. ¡Tener
éxito en la escuela, supone aprender las reglas del
luego!
Este aprendizaje puede hacerse
mediante la experiencia, en alguna medida, por la práctica, de modo
que el nuevo miembro del grupo u organización, descubre poco a poco,
lo que conviene hacer en cada situación, al precio, quizá, de
tanteos.
La definición de la cultura
escolar supera al sistema de enseñanza, aunque sea el lugar
privilegiado no sólo para su transmisión, sino para su práctica.
La atención
dispensada al curriculum
formal
impide a menudo ver que, como las demás organizaciones, la
escuela mantiene en secreto su cultura interna, Y
esto ocurre también porque, al menos para los alumnos no hay
demarcación clara entre la cultura
escolar, que se encarna en el curriculum,
y la
cultura de la organización, que es para los alumnos lo que la
cultura hospitalaria para los pacientes, la carcelaria para los
presos o la judicial para los
reos.
a)
aprender a leer y
a
escribir constituyen objetivos fundamentales, pero también son
condiciones de participación para proseguir la escolaridad;
b)
de igual modo, la construcción del número,
c)
desde hace una veintena de años, se insiste mucho en la necesidad
de aprender
a aprender.
Quien, al salir de la escuela, haya aprendido a aprender dispondrá
de algunas bazas suplementarias en su vida de adulto, cada vez que se
encuentre ante un problema que exija la adquisición de competencias
de las que carezca.
Podríamos
añadir todos los que surgen del currículum
moral o de los objetivos a veces denominados "no cognitivos":
orden, limpieza, educación, servicialidad, espíritu de cooperación,
respeto de la propiedad, no violencia, etc. Asimilar
el currículum supone convertirse en oriundo
de
la organización escolar, hacerse capaz de desempeñar su papel de
alumno
sin
perturbar el orden ni exigir una atención especial.
Sólo
algunos de los aprendizajes previstos en el curríulum
formal
tienen importancia vital en el funcionamiento de la organización.
a)
por una parte, el
conjunto de componentes del currículum formal cuya
asimilación
carece de importancia crucial para la organización escolar,
porque no son objeto de ninguna evaluación formal.
b)
por otra parte, los elementos
de cultura que, con independencia de su
funcionalidad
para la organización, carecen de equivalente alguno en el
currículum formal;
Por
eso, la
excelencia escolar, definida en
abstracto
como la apropiación del currículum
formal,
se Identifica muchas
veces,
en la practica, con el ejercicio cualificado del oficio de alumno. La
evaluación informal consiste, pues, en gran parte, en asegurar que
el alumno aprenda y
desempeñe
su cometido de manera adecuada. Es evidente que esto no es
independiente de cierto dominio de los saberes y saber hacer
inscritos en un plan de estudios. Pero este dominio se empareja con
las formas y contenidos de un trabajo escolar que siempre, y hasta
cierto punto, está desligado de sus finalidades educativas,
transformando en un conjunto de rutinas, como cualquier actividad
regular en una organización burocrática.
Francisco Javier Traverso Gahan
El rol del maestro católico
Este video ilustra muy bien la influencia que puede tener una figura adulta (padre o maestro) en la vida de un niño. Muchas veces, en el rol que el maestro católico desempeña en el aula, su testimonio de comportamiento puede llegar a ser más valioso que los contenidos que quiera transmitir
- https://www.youtube.com/watch?v=dNeaCh1FAyU
Educar para la diversidad
Estos dos videos de producción italiana ilustran muy bien el problema que sufren las personas con discapacidades cuando no se las tienen en cuenta. Lo que sucede a nivel arquitectónico ilustra perfectamente lo que sucede a nivel humano y educativo. En estos videos, el idioma no resulta una barrera porque las imágenes son muy elocuentes.
Metodología catequestica
En esta entrevista podemos conocer un metodo renovado de catequesis que apunta a que cada chico tenga una experiencia de Dios personal. Con algunas variantes podría enriquecer la catequesis escolar.
Entrevista a Manuela Ferroni, catequista
de la parroquia San Martín de Porres de Belgrano, publicada en la revista
"Comunicarnos" de la Comisión de niñez y adolescencia en riesgo del
Arzobispado de Buenos Aires en enero de 2012
El pastor llama y las ovejas escuchan su voz
El niño es
esencialmente religioso. Él viene de Dios y Dios vive en él. La catequesis del
Buen Pastor es una metodología especial de transmición y vivencia de la Fe que
ayuda y guía al niño a un verdadero encuentro con Jesús.
¿Qué es la
Catequesis del Buen Pastor?
Es un
acercamiento a la formación religiosa de los niños a partir de los tres años y
hasta los doce, centrada en la Misa, la Biblia y la Liturgia. Sofía Cavalletti,
junto con Gianna Gobbi, su amiga, desarrollaron esta catequesis del Buen Pastor
a partir de los años cincuenta, inspiradas en la pedagogía de María Montessori,
cuyos principios son la capacidad del niño a la concentración, su amor al orden
y al silencio, y el gozo en el trabajo.
¿Cuánto hace que
está en la Argentina?
En esta
parroquia, dos años, y en la Argentina, hace más de veinticinco. La trajo una
señora que vino de Italia, país donde se creó y se ha ido expandiendo de a
poco, aquí nunca ha tenido una difusión a nivel nacional. En la Ciudad de
Buenos Aires está sólo en esta parroquia y está también en la Provincia de
Buenos Aires y en Santa Fe, donde tuvo mucho impulso por parte de un obispo, y
en Bariloche. En otros países de Sudamérica, como en Colombia, está muy
difundida y en cada ciudad hay una modalidad de atrio.
¿Qué tiene de
especial el lugar donde se desarrolla?
El lugar
donde los chicos vienen a tener un encuentro personal con Dios, que es su lugar
de oración y de contemplación, se llama atrio. Aquí cada uno va a trabajar en
forma personal lo que surja de su interior a partir de las distintas
presentaciones.
En atrio no
es un salón de clase, sino un lugar para vivir su vida religiosa. Venimos al
atrio para estar con Jesús, a estar con Dios y a gozar de Dios. Así lo llamó
María Montessori, en referencia a la arquitectura de las grandes iglesias en
las que el atrio es el espacio entre la calle y el lugar sagrado, en el cual
nos preparamos para el encuentro con Dios.
¿Cómo es este
encuentro entre los niños y Dios?
Cuandos los
chicos comienzan a los tres años los iniciamos con una serie de trabajos que
los vaya preparando para estar en silencio, poder estar quietos y controlar su
cuerpo, y poder entrar de a poquito en concentración y contemplación, que sería
la base para después ir creciendo en su vida espiritual y en su encuentro
personal con Dios.
La primera
parte que los chicos conocen del atrio es la que llamamos de normalización,
tienen más elementos y los ejercicios responden al interés del niño y los van induciendo a la serenidad,
a poder observar una misma tarea sin importar los que pase alrededor.
Al principio
conocen esto y el rincón de oración. El resto de las presentaciones se van
dando una por vez y se da grupalmente luego, cada niño trabaja con el material
que prefiere.
En el atrio
están el rincón de Biblia y los trabajos de Biblia, el rincón de bautismo, el
de liturgia y el rincón de oración.
La
catequista es sólo una intermediaria entre el chico y la Palabra de Dios. Este
método se basa en la observación profunda del niño y la escucha atenta a sus
capacidades y necesidades religiosas, se centra en la vivencia de cada chico y
lo que cada uno va proponiendo. Muchos dicen que ha sido el aporte más
importante a la catequesis del siglo XX y nosotros tratamos de inspirarnos en
ella y de ser fieles a como se concibió y se creó.
¿Cómo se organiza?
¿Según las edades?
Tiene tres
niveles, el primero de tres a seis, el segundo de seis a nueve y de nueve a
doce el último nivel.
En esos
nueve años siempre van teniendo cosas nuevas, si bien seguimos el calendario
litúrgico y todos los años se ven los mismos temas, se presentan como en
círculos concéntricos cada vez más ampliados. En esta parroquia por ahora sólo
está el primer nivel, arrancamos todos juntos y vamos creciendo con los chicos.
En el
primer nivel trabajan más sobre lo concreto y el dibujo. A partir de los seis
ya tienen otras inquietudes y trabajan también con la escritura y la lectura.
Cada chico trabaja con una presentación por vez. La norma es que hay un
material de cada cosa y si está ocupado tenemos que esperar que se desocupe,
eso también tiene que ver con el tema de la elección. Saber con qué quiero
trabajar y no estar esperando la consigna de una maestra, porque no todos
tenemos las mismas inquietudes ni el mismo nivel de interés. Lo que se busca es
ese encuentro personal del niño con Dios y lo que él me propone. A través de
los materiales, que están pensados todos para su interés, logran ese estado sin
estar forzados u obligados a permanecer quietos o callados. Ellos desean
realmente eso y lo menifiestan. Muchos chicos dicen que lo que más les gusta
del atrio es el silencio.
El material
para la formación religiosa en la catequesis del buen Pastor es una segunda
ayuda indirecta para el niño. No es un material didáctico es una ayuda al
maestro para hacer su enseñanza más atrayente. Su objetivo es ayudar a la
meditación y a la oración.
¿Se sigue un
programa?
Como cada
chico es único y diferente, no hay un programa. Hay chicos que sólo quieren
hacer cosas de misa. Hay otros que se enganchan con otra cosa y están todo el
año con eso. La repetición en esta edad de tres a seis es lo que a ellos les
hace fijar el mensaje, y su meditación pasa por el trabajo concreto, tocar,
hacer, pegar y dibujar. Es su manera de meditar y tener un encuentro con Dios.
Una de las
primeras presentaciones es la de la Biblia, que es el libro más importante
porque tiene escritas las palabras de Dios. De pie, prendemos las velas y
leemos: "yo soy la luz del mundo", que después se retoma en otros
momentos del año.
La
presentación del Buen Pastor también es central en la catequesis, leemos la
parábola del Buen Pastor, y después vamos a conocer el material para entender
mejor qué es lo que dice Jesús. Cuando terminamos, hacemos una breve
meditación.
Cuando
hablamos de la parábola del grano de mostaza meditamos sobre lo chiquito y lo grande,
sobre el crecimiento: qué le da la fuerza a esta semilla para crecer y qué les
pasa a ellos. De dónde sale esa fuerza vital que nos hace crecer. Y cuando
descubren por sí solos que es Dios quien nos da esa fuerza, lo viven con una
alegría inmensa.
En otro
sector ubicamos el lugar donde nosotros nacimos y vivimos y donde nació, vivió,
murió y resucitó Jesús. Todas esas presentaciones hablan de la tierra de Jesús.
Cada rincón tiene sus presentaciones.
¿Cómo se preparan
las catequistas?
Hay
catequistas que son formadoras, que son catequistas desde que la experiencia
llegó al país y tienen diesciocho años o más dando catequesis. No hay muchas
formadoras y todos los años empiezan cursos nuevos en diferentes lugares y ahí
es cuando nos juntamos las que estabamos interesadas. El curso del tercer nivel
ahora se está dando en Brasil, otros han viajado a Colombia, se ha dado en
Uruguay. Idealmente las formadoras han tomado los tres cursos y tienen
experiencia con los chicos en los tres grupos de edad.
Cuando nos
preparamos para ser catequistas, estudiamos bastante sobre el desarrollo del
niño, porque conociendo las necesidades de los niños podemos ayudarles en su
desarrollo personal.
¿Cómo entran los
papás?
Estamos
todos insertos en un mundo muy acelerado y esto va un poco en contra de
mandarlos a inglés, arte, ballet, natación, y todo lo que se espera que se le
pueda dar a un hijo a esta edad. Pero los que se engancharon son los que hacen
la difusión. El mejor marketikg es un papá enamorado de la catequesis. Porque
hay otros que cuando les contás piensan que el chico se va a hacer cura o
monja. Ellos, como padres, eligieron esta opción. Se fortalecen en su propia
vivencia como padres y en lo que quieren darles a sus hijos.
¿Por qué se le dió
el nombre catequesis del Buen Pastor?
Al
principio se llamaba catequesis según la pedagogía de María Montessori, pero ya
desde los primeros años de la vida en el atrio, a mediados del siglo XX, está
documentado que los niños hacían suya esta parábola de tal manera que a menudo
podían utilizarla en referencia a otros temas, y esta parábola tiene el núcleo
esencial del mensaje cristiano: en ese amor de entrega total de sí del Buen
Pastor, encontramos el corazón del misterio pascual de Cristo, su muerte y
Resurrección. Y fueron los mismos chicos los que con ella pudieron entender el
misterio de la misa llegando a que el Buen Pastor fue el que dió su vida porque
él se da en el altar y se hace pan y vino.
La parábola
es tan vital para los niños que se convierte en punto de referencia para los
otros temas que se conocen, y en sus dibujos aparece esta relación. Estas
relaciones son producto de la reflexión de los niños, surgen de ellos
mostrandonos que el mensaje ha penetrado en lo más profundo de su ser.
La capacidad que tiene
el niño de enamorarse de Dios tiene sus raíces en esta parábola. Los niños
disfrutan verdaderamente la presencia del Buen Pastor en sus vidas.
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