Benedicto nos invita a reconocer que el fundamento para la educación de los maestros católicos es ni más ni menos que el Evangelio.
Educar a los jóvenes en la justicia y la paz
(...)Quisiera
presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva
educativa: Educar a los jovenes en la justicia y la paz", convencidos de
que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al
mundo una nueva esperanza (...). Se ha
de transmitir a los jovenes el aprecio por el valor positivo de la vida,
suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber
en el que todos estamos comprometidos en primera persona (...)
Que todo ambiente
educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo trascendente; lugar de
dialogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus
propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los
hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la
caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la
construcción de una sociedad más humana y fraterna.(...)
También a
los jóvenes les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de
usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la
propia educación y la formación en la justicia y la paz.
(...)No
podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por
principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al
concepto de justicia sus raíces trascendentes, separándolo de la caridad y de
la solidaridad: "La 'ciudad del
hombre' no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y
más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad
manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando
valor teologal y salvífico a otodo compromiso por la justicia en el mundo. 'Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados' (Mt
5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios,
consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación."
(...)La paz
no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de
fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia
de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos,
el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua
de la fraternidad. La paz es fruto de la
justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos
creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha
reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a
unos de otros (Ef 2, 14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el
amor.
(...)Queridos
jóvenes, ustedes son un don precioso para la sociedad. No se dejen vencer por
el desánimo ante las dificultades y no se entreguen a las falsas soluciones,
que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los
problemas. No tengan miedo de
comprometerse, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los
caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivan
con con confianza su juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad,
belleza y amor verdadero que experimentan. Vivan con intensidad esta etapa de
su vida tan rica y llena de entusiasmo.
Consciente
de todo esto, les envío estas reflexiones y les dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales,
morales y materiales para educar a los jóvenes en la justicia y la paz.

Benedicto XVI,
mensaje de la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, diciembre 2011
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