lunes, 12 de mayo de 2014

El rol del maestro católico

Benedicto nos invita a reconocer que el fundamento para la educación de los maestros católicos es ni más ni menos que el Evangelio. 


Educar a los jóvenes en la justicia y la paz
(...)Quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: Educar a los jovenes en la justicia y la paz", convencidos de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza (...). Se ha de transmitir a los jovenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona (...)
Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo trascendente; lugar de dialogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.(...)
También a los jóvenes les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y la formación en la justicia y la paz.
(...)No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces trascendentes, separándolo de la caridad y de la solidaridad: "La 'ciudad del hombre' no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a otodo compromiso por la justicia en el mundo. 'Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados' (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación."
(...)La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (Ef 2, 14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.
(...)Queridos jóvenes, ustedes son un don precioso para la sociedad. No se dejen vencer por el desánimo ante las dificultades y no se entreguen a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengan miedo de comprometerse, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivan con con confianza su juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentan. Vivan con intensidad esta etapa de su vida tan rica y llena de entusiasmo.
Consciente de todo esto, les envío estas reflexiones y les dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para educar a los jóvenes en la justicia y la paz. 


Benedicto XVI, mensaje de la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, diciembre 2011 

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