“LA CONSTRUCCIÓN DEL
ÉXITO Y DEL FRACASO ESCOLAR”
Perrenoud
La formación de un hábito y del sentido común
La cuestión
de que las intenciones de la escuela figuren con toda claridad en un
plan de estudios detallado o se definan más vagamente en el campo de
la educación moral, religiosa o cívica es, en efecto, importante.
Pero no podemos hablar de un curriculum
verdaderamente oculto
si se trata sólo de un curriculum
moral
eufemizado o idealizado. La noción de curriculum
oculto,
en sentido estricto, se refiere a las condícíones
y rutinas de
la vida escolar que
originan regularmente aprendizajes ignotos, ajenos a los que la
escuela
conoce
y declara querer favorecer.
JACKSON
(1968), en su libro Life
in Classrooms (La
vida en las aulas), identifica el curriculum
oculto
con las
rutinas cotidianas que, en
el funcionamiento de la clase y del establecimiento escolar, hacen
que los alumnos aprendan, generación tras generación, a vivir en un
ambiente superpoblado, a ser juzgados constantemente por profesores o
compañeros e, incluso, a obedecer a quienes detentan el poder.
1. se
aprende a "vivir dentro de una masa",
2. se
aprende paralelamente a matar el tiempo,
3. se
aprende a dejarse evaluar
por
otros;
4.
a satisfacer las expectativas
del
maestro y de los compañeros
5. se
aprende a
vivir en una sociedad
jerarquizada y
estratificada
6.
controlar o, al menos, a
influir
sobre el ritmo de trabajo escolar
7.
se aprende, por último, a funcionar dentro de un grupo restringido,
a compartir y emplear los valores y códigos de comunicación.
Estos siete
puntos resumen la lista de EGGLESTON (1977, págs. 110 a 113).Sin
duda, no es exhaustiva. Por ejemplo, habría que añadir a la lista
de aprendizajes: a)
una referencia al tiempo, a
través de los horarios y
la
división del tiempo escolar, la experiencia de los plazos, de las
esperas, rendimientos, ritmos impuestos por otros, previsión,
regularidad; b)
una
referencia
al espacio privado y público, mediante
la interiorización de las distancias adecuadas en la interacción
social, las fronteras invisibles que han de respetarse (cf. HALL,
1971 ); c) una
referencia a las reglas y
los
saberes.
Si se
admite que la cultura y,
en
nuestro caso particular, la cultura ilustrada, es, en cuanto código
común, lo que permite a todos los detentadores de ese código
asociar el mismo sentido a las mismas palabras, a los mismos
comportamientos y
a
las mismas obras, y,
recíprocamente,
expresar la misma intención significante mediante las mismas
palabras, los mismos comportamientos y
las
mismas obras, se comprende que la escuela, encargada de transmitir
esta cultura, constituya el factor fundamental del consenso cultural
como participación en un sentido común, que es la condición de la
comunicación. Lo que los individuos deben a la escuela es, pues,
todo un conjunto de lugares comunes, que no consisten sólo en
discurso y
lenguaje
comunes, sino también campos de encuentro y de entendimiento,
problemas comunes y
maneras
comunes de abordar los problemas comunes:
Este enfoque
de la cultura escolar, tal como es interiorizada en último término
por los alumnos, ha sido desarrollada a propósito de la enseñanza
secundaria o universitaria. Se trata, por tanto, más allá de los
saberes y
saber
hacer particulares, de constituir categorías y
esquemas
de pensamiento. Esta comunidad de hábitos permite a quienes han
hecho los mismos estudios, pertenecen al mismo cuerpo o a la misma
escuela, reconocerse y
comunicarse.
Un niño
que, viviendo en nuestra sociedad, no asistiera a la escuela y
no
recibiera una instrucción equivalente, es probable que no aprendiera
a escribir ni, quizá, a leer ni a contar. Sin duda, ignoraría
todas las reglas gramaticales y
ortográficas
y
sabría
muy poco de historia, geografía o ciencias naturales, en el sentido
en que esos saberes figuran en el curriculum.
¿Este
niño pensaría de otra manera? ¿Estaría excluido del sentido
común?. La escuela, en la medida en que se encarga ampliamente de
los niños y los enfrenta con problemas intelectuales que no siempre
encuentran fuera de ella, desempeña un papel fundamental en la
adquisición de ciertos
aspectos del sentido común, en
la formación de las rutinas intelectuales gracias a las cuales damos
por sentadas, evidentes, indiscutibles múltiples facetas de la
realidad, así como las formas de describirlas, organizarlas desde el
punto de vista lógico, transformarlas. Pero el
sentido común
se
define precisamente por el desconocimiento de esta arbitrariedad, la
certidumbre de que nuestra forma de ver el mundo y de definir la
realidad es la única posible o, en todo caso, la única con sentido.
El
aprendizaje del sentido común, es quizá, el componente mejor
escondido del curriculum
oculto.
En definitiva, el
aprendizaje del sentido común forma parte del aprendizaje del oficio
de
alumno.
Eso
mismo puede decirse de la mayor parte de los aprendizajes favorecidos
por el currículum
oculto,
lo que no impide que surta efecto más allá de la escolaridad,
efectos pertinentes desde el punto de vista de la integración
social, en su sentido más amplio.
Aprender el oficio de alumno
Para asimilar la unidad de los
aprendizajes más o menos ocultos, podríamos atenernos a dos
observaciones principales:
a)
el aula constituye un medio de vida especial, hace falta aprender
"sobre la marcha"; en el transcurso de meses y, después,
de años, el escolar adquiere los saberes y el saber hacer, valores y
códigos. En la escuela, se aprende el oficio
de alumno;
b)En
este sentido, la escuela prepara para la vida, al menos, a través
del
hábito de actor social y
de
las cualificaciones y
conocimientos
que permite adquirir.
Nos
interesaremos más aquí por la primera categoría de aprendizajes,
porque nos remiten más directamente a las normas de excelencia y a
la evaluación. En efecto, nada puede entenderse de la enseñanza si
olvidamos que el período de escolaridad no constituye sólo un
medio, una preparación para la vida, sino un momento
de la vida en
sí mismo, que tiene ya una organización compleja. ¡Tener
éxito en la escuela, supone aprender las reglas del
luego!
Este aprendizaje puede hacerse
mediante la experiencia, en alguna medida, por la práctica, de modo
que el nuevo miembro del grupo u organización, descubre poco a poco,
lo que conviene hacer en cada situación, al precio, quizá, de
tanteos.
La definición de la cultura
escolar supera al sistema de enseñanza, aunque sea el lugar
privilegiado no sólo para su transmisión, sino para su práctica.
La atención
dispensada al curriculum
formal
impide a menudo ver que, como las demás organizaciones, la
escuela mantiene en secreto su cultura interna, Y
esto ocurre también porque, al menos para los alumnos no hay
demarcación clara entre la cultura
escolar, que se encarna en el curriculum,
y la
cultura de la organización, que es para los alumnos lo que la
cultura hospitalaria para los pacientes, la carcelaria para los
presos o la judicial para los
reos.
a)
aprender a leer y
a
escribir constituyen objetivos fundamentales, pero también son
condiciones de participación para proseguir la escolaridad;
b)
de igual modo, la construcción del número,
c)
desde hace una veintena de años, se insiste mucho en la necesidad
de aprender
a aprender.
Quien, al salir de la escuela, haya aprendido a aprender dispondrá
de algunas bazas suplementarias en su vida de adulto, cada vez que se
encuentre ante un problema que exija la adquisición de competencias
de las que carezca.
Podríamos
añadir todos los que surgen del currículum
moral o de los objetivos a veces denominados "no cognitivos":
orden, limpieza, educación, servicialidad, espíritu de cooperación,
respeto de la propiedad, no violencia, etc. Asimilar
el currículum supone convertirse en oriundo
de
la organización escolar, hacerse capaz de desempeñar su papel de
alumno
sin
perturbar el orden ni exigir una atención especial.
Sólo
algunos de los aprendizajes previstos en el curríulum
formal
tienen importancia vital en el funcionamiento de la organización.
a)
por una parte, el
conjunto de componentes del currículum formal cuya
asimilación
carece de importancia crucial para la organización escolar,
porque no son objeto de ninguna evaluación formal.
b)
por otra parte, los elementos
de cultura que, con independencia de su
funcionalidad
para la organización, carecen de equivalente alguno en el
currículum formal;
Por
eso, la
excelencia escolar, definida en
abstracto
como la apropiación del currículum
formal,
se Identifica muchas
veces,
en la practica, con el ejercicio cualificado del oficio de alumno. La
evaluación informal consiste, pues, en gran parte, en asegurar que
el alumno aprenda y
desempeñe
su cometido de manera adecuada. Es evidente que esto no es
independiente de cierto dominio de los saberes y saber hacer
inscritos en un plan de estudios. Pero este dominio se empareja con
las formas y contenidos de un trabajo escolar que siempre, y hasta
cierto punto, está desligado de sus finalidades educativas,
transformando en un conjunto de rutinas, como cualquier actividad
regular en una organización burocrática.
Francisco Javier Traverso Gahan
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