lunes, 16 de junio de 2014


La educación inclusiva

Nuestra escuela está firmemente convencida de que la educación es para TODOS los chicos y chicas. Anclados en la fe, creemos que Dios nos ha creado a todos con amor y como testigos de su amor. Todos los seres humanos por tanto formamos parte de este divino misterio por el cual somos instrumentos para otros.

Tenemos mucho para dar y mucho para recibir incluso los que son estimados en menos por algunos, y estos son los chicos con capacidades diferentes. Ellos no fueron creados para ser estimados en menos sino como otros iguales a nosotros. La igualdad no es algo que se de en lo meramente físico o material (sino la igualdad sería una mentira) sino que es algo que se de en la dignidad de la persona. La dignidad nos hace merecedores de respeto, pero muchas veces nuestras valoraciones no se dan en lo profundo de las personas sino en lo exterior.

Cuando hablamos de educación inclusiva no pretendemos sanar simplemente la autoestima o la imagen de sí mismo que tiene un chico con capacidad diferente, sino también la imagen que tienen los otros chicos “normales” sobre el resto y sobre sí mismos.

Es así que encontramos en esta educación integradora no solo lo más saludable para los chicos con capacidades diferentes sino para todos los chicos.

Partimos de la realidad y no pretendemos por tanto negarla. Si un chico esta en silla de ruedas no podrá caminar y es un hecho, pero lo trágico, lo desvalorizante o no de esa situación está esencialmente anclada en la mirada que se tenga sobre la misma. Cada chico debe descubrir la riqueza que reside dentro suyo, pero esto no lo podrá hacer sin la ayuda de los otros. Partimos de la base de que el mundo con o sin maldad a través de sus miradas lo hace sentirse como menos, como incapacitado y limitado en relación a los demás. Esto ya lo ha recibido desde su infancia, pero este límite que por cierto es verdadero, no es lo único que contiene, su riqueza es enorme y sus potencialidades inmensas, deben ser explotadas y para esto necesita ayuda. No existe persona que no necesite ayuda para crecer, desde que somos bebes nos enseñan a responder a nuestras capacidades (la de caminar, hablar, pensar) y esto nadie lo ha aprendido sin ayuda de otro.  

Nosotros por tanto por medio de maestras especializadas dentro del aula, y una concientización constante del alumnado y del profesorado osamos acompañar a estos chicos que el buen Dios nos regala, y nos creemos privilegiados de poder hacerlo.

Nuestra inclusión consta por tanto de un contacto permanente, sin distinciones entre unos y otros chicos. De esta manera nuestra adaptación curricular tendrá como base está realidad para abarcarla por completo.

Ya hemos expresado el porqué y el cómo de esta tipo de educación. Queremos ahora dejar el testimonio de una persona que tuvo la oportunidad de compartir con estos chicos.

“no es solo la alegría que uno encuentra en estos chicos que han recibido amor y les han enseñado a ser amados, sino que penetra el misterio, la pregunta de cómo este o esta chica que a los ojos del mundo son los desdichados, los olvidados por Dios, hayan podido alcanzar tal felicidad. Aquello más deseado por todos, la felicidad, lo eh visto alcanzado por los que mas motivos tenían para no tenerlo.

Y encuentro nos obstante otra maravilla, eh visto con que entrega un chico que apenas podía mover una mano pintaba un dibujo, y lo hacia con tal concentración y dedicación que me di cuenta que nunca había alcanzado tal intensidad en mis capacidades como aquel chico”

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