La educación inclusiva
Nuestra escuela está firmemente convencida de que la
educación es para TODOS los chicos y chicas. Anclados en la fe, creemos que
Dios nos ha creado a todos con amor y como testigos de su amor. Todos los seres
humanos por tanto formamos parte de este divino misterio por el cual somos
instrumentos para otros.
Tenemos mucho para dar y mucho para recibir incluso los que
son estimados en menos por algunos, y estos son los chicos con capacidades
diferentes. Ellos no fueron creados para ser estimados en menos sino como otros
iguales a nosotros. La igualdad no es algo que se de en lo meramente físico o material
(sino la igualdad sería una mentira) sino que es algo que se de en la dignidad
de la persona. La dignidad nos hace merecedores de respeto, pero muchas veces
nuestras valoraciones no se dan en lo profundo de las personas sino en lo
exterior.
Cuando hablamos de educación inclusiva no pretendemos sanar
simplemente la autoestima o la imagen de sí mismo que tiene un chico con
capacidad diferente, sino también la imagen que tienen los otros chicos
“normales” sobre el resto y sobre sí mismos.
Es así que encontramos en esta educación integradora no solo
lo más saludable para los chicos con capacidades diferentes sino para todos los
chicos.
Partimos de la realidad y no pretendemos por tanto negarla.
Si un chico esta en silla de ruedas no podrá caminar y es un hecho, pero lo
trágico, lo desvalorizante o no de esa situación está esencialmente anclada en
la mirada que se tenga sobre la misma. Cada chico debe descubrir la riqueza que
reside dentro suyo, pero esto no lo podrá hacer sin la ayuda de los otros.
Partimos de la base de que el mundo con o sin maldad a través de sus miradas lo
hace sentirse como menos, como incapacitado y limitado en relación a los demás.
Esto ya lo ha recibido desde su infancia, pero este límite que por cierto es
verdadero, no es lo único que contiene, su riqueza es enorme y sus
potencialidades inmensas, deben ser explotadas y para esto necesita ayuda. No
existe persona que no necesite ayuda para crecer, desde que somos bebes nos
enseñan a responder a nuestras capacidades (la de caminar, hablar, pensar) y
esto nadie lo ha aprendido sin ayuda de otro.
Nosotros por tanto por medio de maestras especializadas
dentro del aula, y una concientización constante del alumnado y del profesorado
osamos acompañar a estos chicos que el buen Dios nos regala, y nos creemos
privilegiados de poder hacerlo.
Nuestra inclusión consta por tanto de un contacto
permanente, sin distinciones entre unos y otros chicos. De esta manera nuestra
adaptación curricular tendrá como base está realidad para abarcarla por
completo.
Ya hemos expresado el porqué y el cómo de esta tipo de
educación. Queremos ahora dejar el testimonio de una persona que tuvo la
oportunidad de compartir con estos chicos.
“no es solo la alegría
que uno encuentra en estos chicos que han recibido amor y les han enseñado a
ser amados, sino que penetra el misterio, la pregunta de cómo este o esta chica
que a los ojos del mundo son los desdichados, los olvidados por Dios, hayan
podido alcanzar tal felicidad. Aquello más deseado por todos, la felicidad, lo
eh visto alcanzado por los que mas motivos tenían para no tenerlo.
Y encuentro nos
obstante otra maravilla, eh visto con que entrega un chico que apenas podía
mover una mano pintaba un dibujo, y lo hacia con tal concentración y dedicación
que me di cuenta que nunca había alcanzado tal intensidad en mis capacidades
como aquel chico”
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