“La
Palabra se hizo carne y habito en nosotros” (Jn 1, 14), es decir
Dios se hace hombre. Así podría resumirse en primer lugar el
corazón mismo del cristianismo y por ende la esencia y finalidad de
la escuela católica.
Asume
con mirada de fe, la entrega del Dios cristiano que abre la
posibilidad al hombre y a la mujer de ser plenamente humanos.Sin Él,
el hombre no puede comprenderse ni dejarse plenificar.
“Se
debe, pues, concebir la educación cristiana como movimiento,
progreso, maduración hacia un fin ideal, que supera toda limitación
humana.Y todo debe suceder conjunta y armónicamente en el trascurso
de la educación humana. No son, por lo tanto, dos recorridos
diversos o paralelos, sino una concordancia de factores educativos,
unidos en la intención de los educadores y en la libre cooperación
de los alumnos. Ya el Evangelio señala este desarrollo armónico en
el joven Jesús.”(DREC110)
Esencia
- Como parte de la Iglesia que es prolongación de la acción salvadora de Cristo, la escuela católica se alimenta, sostiene y perfecciona en su ser y en su proceder por Cristo a través de la Iglesia formada por todos los bautizados.
“Todos
deben poder percibir en la escuela católica la presencia viva de
Jesús «Maestro» que, hoy como siempre, camina por la vía de la
historia y es el único «Maestro» y Hombre perfecto en quien todos
los valores encuentran su plena valoración. ”(EG 25)
- Realidad personal- comunitaria en la que cada individuo con sus dones y capacidades contribuya al crecimiento comunitario y personal.
“De
la escuela-comunidad forman parte todos los que están comprometidos
directamente en ella: profesores, personal directivo, administrativo
y auxiliar; los padres, figura central en cuanto naturales e
insustituibles educadores de sus hijos y, los alumnos, copartícipes
y responsables como verdaderos protagonistas y sujetos activos del
proceso educativo.(DREC 32)”
finalidad
La
escuela católica tiene sobre todo dos objetivos
- La transmisión y maduración de la fe para transformar lo íntimo y renovar a la humanidad
“el
deber de la educación corresponde a la Iglesia no sólo porque debe
ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre
todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino
de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de
ayudarles con atención constante para que puedan lograr la plenitud
de esta vida. La Iglesia, como Madre, está obligada a dar a sus
hijos una educación que llene su vida del espíritu de Cristo y, al
mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfección
cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad
terrestre y para configurar más humanamente la edificación del
mundo. ”(GE 3)
- Conducir al hombre a su perfección humana y cristiana que implica la realidad personal y social que implica la actuación de una nueva realidad y la capacidad de asumir las obligaciones de ciudadano adulto“ Hay que ayudar, pues, a los niños y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual. Hay que prepararlos, además, para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y presten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común” (GE 1)
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